te sorprende de nuevo la mañana
con su arribo tan inesperado,
con su inocente aire de llegar,
vaya a saber uno, de dónde.
Te sorprende de nuevo y,
sin embargo,
te detienes a juntar mezquindades,
a contar,
cuantas veces son una
éstas dos manos.
Entonces, la dulce primavera
no es tal cosa,
y los objetos muertos,
como blancos sepulcros inexistentes,
se apilan a cada lado
de tu puerta entreabierta,
para cerrarte el paso
a cada paso.
Suéltame!, te digo suavemente,
pero tú no me escuchas,
y te detienes otra vez
para guardarme, como un recuerdo,
en el bolsillo grande de tu corazón.
Quédate allí, no te detengas!,
te digo tiernamente.
A la vuelta de todos los caminos
hay uno que nunca fue pisado,
que nunca fue camino,
allí nos encontraremos cuando estemos alegres,
cuando ya no nos detengamos
a recoger más nada!.
(Miguel Lo Coco / Buzos de Sal / 1986)

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