Mario J. Franco, poeta argentino, con el que me encontré, sin programarlo, charlando un día en la puerta del Teatro San Martín, nació en San Luis en 1942 (casi somos de la misma generación). Allí me regaló (dedicado) el libro "Cancionero Herético", del que extraigo este hermoso, original y fresco poema sobre un tal, Dios.
DIOS ES UN SEÑOR
Dios es un señor algo alegre,
creó el vino, la música y el baile,
aunque un tanto solemne,
a lo diplomáticos, los funcionarios y los ceremoniales,
algo cómico,
creó a los disertanes, los oradores y los profesores,
con un toque cósmico,
a los filósofos, los astrónomos y los insectos,
y, con un matiz irónico,
creó los espejos, los discursos y las necrológicas.
También, algo lógico,
creó a los niños, los poetas y los locos,
con mucho absurdo,
la lógica, la gramática y la semántica,
y, un poco inclinado a la paradoja,
a los maestros, los abogados y los magistrados.
Luego, algo descreído,
creó a los moralistas, los policías y los militares,
y, un poco iluso,
creo el amor, los amantes y los botarates,
por fin, algo demente,
a los gobernantes, los conductores y los economistas.
Algo cuerdo,
creó a los payasos, los tiernos y los desesperados,
algo racional,
la ideología, el sistema y el análisis,
y, aunque ame la seguridad,
creo los reglamentos, los etiquetamientos y los encasillamientos.
Sin olvidar la contradicción,
creó al hijo, al padre y al abuelo,
y, dado a la perplejidad,
creó al viejo, al necio y al inocente,
y, en su eterno afán de desdecirse,
creo a los contestatarios y los ateos.
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