Cada noche duermo menos.
Tal vez, porque comencé a pensar en lo eterno
y me desperté demasiado temprano
añorando aquellas pequeñas eternidades olvidadas,
aquellos nuestros pequeños rezos cotidianos.
la parte que no fluye del río
el grito de una ciudad que siempre calla,
el hermoso lugar que no duerme en tu cuerpo dormido,
aquello que, aún, no despierta en mi cuerpo despierto.
Sentí entonces que esos indescriptibles momentos
son preferibles a toda prometida eternidad.
Y, a partir de allí, ya no pude volver a dormirme.
Poema original de Roberto Juarroz
XII Poesía Vertical / poema 64 / 1991
Intervención de Miguel Lo Coco
Buenos Aires / 18-7-2013
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